“Nunca en Aragón nos hemos regulado por un derecho civil diferente del nuestro; jamás…” Gregorio Briz, en el pleno del Congreso de los Diputados

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Transcripción de la intervención del Portavoz de CHA en las Cortes de Aragón, Gregorio Briz, en el pleno del Congreso de los Diputados el día 15 de noviembre de 2016.

El señor REPRESENTANTE DE LAS CORTES DE ARAGÓN (Briz Sánchez):

Gracias, señora presidenta. Buenas tardes, señorías. Es un honor defender una propuesta de Aragón en el Congreso de los Diputados en un momento clave político en el que se está debatiendo la arquitectura institucional de España. Muchas gracias, señorías. Siguiendo la estela de relevantes compañeros aragonesistas que han dejado su impronta en esta Cámara como José Antonio Labordeta, Chesús Yuste y el querido Emilio Gastón, me dirijo a ustedes.

Creo que es absolutamente innecesario que destaque la importancia del derecho foral aragonés, un símbolo de identidad de los aragoneses para Aragón. Quiero remontarme a cuando Felipe V derogó en 1707 los fueros de Aragón por derecho de conquista. En ese momento, Aragón desapareció como sujeto político —muy moderno este concepto—; dejó de ser un país independiente, fue incorporado a Castilla. En ese momento, Aragón perdió sus instituciones propias: las Cortes, la Diputación del Reino, el Justicia, nuestro derecho financiero, nuestro derecho local; en definitiva, el derecho público, algo que conseguimos recuperar hace unos años. Pero el derecho civil, el derecho que regula las relaciones de los particulares entre sí, jamás lo perdimos. Nunca los aragoneses nos hemos regulado por un derecho diferente del nuestro; jamás, a pesar de ser un país independiente como he dicho antes, con los fueros y observancias después, con el apéndice y después con la compilación, después con leyes aprobadas en estas Cortes, y finalmente, con el Código de Derecho Foral, que hoy venimos aquí a defender.

Así que, desde luego, es algo esencial en la vida jurídica y en la vida diaria de los aragoneses, aunque la Constitución española atribuye, en el artículo 149.1.8.ª, a las comunidades autónomas «la conservación, modificación y desarrollo […] de los derechos civiles, forales o especiales, allí donde existan», como sucede con el derecho foral aragonés. Hay también una reserva y competencia exclusiva del Estado para resolver los conflictos de leyes interregionales que puedan existir. El Tribunal Supremo en sentencias reiteradas ha declarado que las normas sobre vecindad civil tienen naturaleza imperativa, de modo que la adquisición, la pérdida y el cambio de vecindad se rigen por las normas establecidas en el título preliminar del Código Civil. En todo caso, esta proposición de ley pretende modificar el Código Civil del Estado español, por eso debe tramitarse en esta Cámara. Esta es una ley positiva para los aragoneses y las aragonesas del presente y del futuro. Hay cien mil afectados por la pérdida de vecindad civil en este momento. El objetivo de esta proposición de ley es que la vecindad civil no se pierda involuntariamente, señorías, sino que solo se pueda adquirir una vecindad civil voluntariamente, es decir, que no se pierda directamente, sin saberlo, por residencia continuada de diez años, y que únicamente pueda adquirirse una vecindad civil, y lógicamente perder la que se tenga en ese momento, con voluntad, con declaración de voluntad después de dos años de residencia.

En definitiva, señorías, lo que se plantea es cambiar el régimen, que solo haya adquisición voluntaria de la vecindad civil y no haya pérdida involuntaria de la misma. En todo caso, nos parece muy interesante la reforma del artículo 14.3, de tal forma que la pérdida de la vecindad civil por los padres no influya en el hijo, que el hijo pueda seguir recuperando la vecindad civil aragonesa perdida por los padres, aquello que decíamos del derecho de sangre. Esta propuesta es compartida por Chunta Aragonesista, pero pensábamos que faltaba una parte. En todo caso se solucionaba el futuro, nadie perdía en el futuro sin querer la vecindad civil, pero no se solucionaba la situación de aquellos aragoneses y aragonesas que ya habían perdido su vecindad por residencia continuada de más de diez años fuera de Aragón, incluso sin saberlo. Ya hicimos una enmienda en la Ley de comunidades aragonesas a través de una transacción. Se quedó en una disposición adicional cuarta, según la cual se promoverán —decía— las actuaciones necesarias al objeto de que quienes hayan perdido la vecindad civil aragonesa puedan recuperarla. No se había hecho nada todavía y hoy es cuando se va a dar cumplimiento a esta previsión legal.

En definitiva, lo que se debe tomar en consideración hoy para conseguir que después no se pierda involuntariamente, como planteaba el Partido Aragonés, es que se pueda recuperar, como proponía Chunta Aragonesista, a través de un régimen de seguridad jurídica con tres requisitos: que se haga constar en el Registro Civil, no deberá ser reiterada y por supuesto… (Rumores).

La señora PRESIDENTA: Un segundo, señor Briz. Señorías, por favor, guarden silencio. Continúe, señor Briz.

El señor REPRESENTANTE DE LAS CORTES DE ARAGÓN (Briz Sánchez): Decía que no debe ser reiterada y, por último, no puede ser revocada una vez que se ha hecho la declaración. Termino. Esto es lo que hoy deberíamos tomar en consideración. Es una ley muy importante. Estamos hablando de algo que, como digo, llevamos quince años planteando en el Parlamento aragonés y que tiene mucha repercusión en la mayoría de edad, en el matrimonio, en el consorcio conyugal, en la fiducia, en la viudedad, etcétera. Quiero agradecer al Grupo Parlamentario Aragonés esta proposición y las enmiendas apoyadas mayoritariamente en el Parlamento aragonés.

Quería terminar con un mito aragonés, que es Joaquín Costa, que en un rinconcico del mundo, en Graus, durante la mayor parte de su vida gritó las verdades y representó el pundonor insobornable del arquetipo aragonés. Cuando se lo llevaban a Madrid para enterrarlo, se lo quedaron en Torrero, y Bescós le dedicó este epitafio que quiero leerles a ustedes para que no ocurra esto aquí:

«Aragón a Joaquín Costa. Nuevo Moisés de una España en éxodo. Con la vara de su verbo inflamado alumbró la fuente de las aguas vivas en el desierto estéril. Concibió leyes —como les traemos desde Aragón— para conducir su pueblo a la tierra prometida.» Lo que pasa es que «no legisló». Muchas gracias, señorías.

La señora PRESIDENTA: Muchas gracias

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