Un 8 de marzo como los de antes

El proceso de involución social y democrática que estamos viviendo, con la excusa de la crisis, está perjudicando particularmente a las mujeres y a sus derechos y por eso las reivindicaciones de este 8 de marzo recuerdan a las de hace años, e incluso décadas.

Privatizan servicios básicos y eliminan su carácter universal y equitativo; nos roban derechos humanos, laborales, sindicales, sociales y ciudadanos que han comenzado a considerarse privilegios prescindibles; los recientes informes sindicales demuestran que estas políticas acentúan la diferencia salarial y social entre mujeres y hombres… Así vamos, sin una mínima educación en igualdad y respeto a las diferencias.

El efecto de los recortes en los servicios públicos, y en especial en las tareas de atención y cuidado de personas, es contundente: si hay una mujer en casa no hacen falta ni centros de día ni escuelas infantiles, ni discursos sobre conciliación. La presión social hacia las mujeres aumenta a medida que disminuyen los recursos y la cobertura del Estado y, por si fuera poco, si una de cada cinco personas en Aragón se encuentra en situación de riesgo de pobreza y de exclusión, en el caso de las mujeres la proporción sube hasta 1,5 puntos más.

Estamos volviendo a una reestructuración de las relaciones sociales, al refuerzo de la lógica patriarcal de la división sexual del trabajo, y de fuertes identidades de género que devuelven a las mujeres a un estado esencial “natural”, en medio de la confusión entre sexualidad y reproducción. Retrocedemos.

La violencia machista, redefinida como “violencia doméstica”, pierde visibilidad como prioridad política, y las nuevas tasas judiciales para iniciar un proceso de separación o de divorcio son un obstáculo real para muchas mujeres, como lo es una reforma sanitaria que excluye del sistema de salud público a las mujeres inmigrantes víctimas de violencia de género que viven en España en situación irregular, y es que no podrán aportar pruebas imprescindibles en caso de que necesiten una orden de alejamiento de su agresor.

Tras muchos años de reivindicaciones feministas, si se cumple el deseo del Gobierno de Rajoy, estaremos como hace cuarenta años, cuando se reclamaba el derecho a decidir libre y responsablemente sobre tu sexualidad, incluida la salud sexual y reproductiva, libre de presiones, discriminación y violencia, así como a un aborto libre, gratuito y con garantías sanitarias, reconocido en 1995 por la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer.

En las últimas décadas, el empuje de los movimientos feministas y de mujeres ha hecho posible avances importantes pero quedaba pendiente un cambio social y político profundo. Hoy, con un Instituto Aragonés de la Mujer dormido en los laureles, nos vemos en la obligación de impedir cualquier retroceso y exigir el cumplimiento de la ley para la igualdad efectiva de oportunidades, así como para los derechos y libertades de las mujeres formen parte de la agenda y prioridades políticas. Como en tiempos predemocráticos, vaya.

(Este artículo de la portavoz del grupo parlamentario, Nieves Ibeas, ha sido publicado hoy en Heraldo de Aragón).

 

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